Enseñar a lxs niñxs a sentir su cuerpo y sus emociones: La clave del bienestar emocional infantil

Enseñar a lxs niñxs a sentir su cuerpo y sus emociones: La clave del bienestar emocional infantil

¿Y si tu hijo pudiera entender lo que siente antes de que explote?

Tu hijo llora desconsolado porque se le cayó la torre de bloques. Se tira al suelo en medio del supermercado. Grita "¡te odio!" cuando le dices que no puede comer más galletas.

Y tú te preguntas: ¿Por qué reacciona así? ¿Por qué no puede simplemente calmarse?

La respuesta es profunda y liberadora: tu hijo no sabe qué está sintiendo en su cuerpo. Y si no sabe qué siente, no puede regularlo.

Enseñarle a sentir su cuerpo y sus emociones no es un lujo. Es la base de su bienestar emocional para toda la vida.

Las emociones viven en el cuerpo de tu hijo

Antes de que tu hijo pueda decir "estoy enfadado" o "estoy triste", su cuerpo ya lo sabe. La neurociencia nos lo confirma: las emociones son experiencias somáticas que se manifiestan físicamente antes de que el cerebro consciente las nombre.

Cuando tu hijo siente miedo, su corazón late más rápido. Cuando siente tristeza, su pecho se aprieta y sus ojos se llenan de lágrimas. Cuando siente rabia, sus puños se cierran, su mandíbula se tensa, y todo su cuerpo se pone rígido.

Su cuerpo siente primero. Siempre.

Pero si nunca le enseñas a reconocer esas sensaciones, si solo le dices "cálmate" o "no pasa nada", tu hijo crece desconectado de su propio cuerpo. Y esa desconexión se convierte en adultos que no saben por qué se sienten mal, que somatizan sus emociones, que explotan sin entender por qué.

¿Qué significa enseñarle a sentir su cuerpo?

Enseñarle a tu hijo a sentir su cuerpo significa ayudarle a desarrollar conciencia somática: la capacidad de reconocer las sensaciones físicas que acompañan a cada emoción.

No se trata de controlar las emociones. Se trata de reconocerlas, nombrarlas y honrarlas antes de que se conviertan en explosiones incontrolables.

Cuando tu hijo aprende a sentir su cuerpo, aprende a decir:

  • "Siento mi corazón latiendo muy rápido" (miedo)
  • "Siento calor en mi pecho y mis puños apretados" (rabia)
  • "Siento mi barriga pesada y ganas de llorar" (tristeza)
  • "Siento mariposas en mi barriga" (emoción, alegría)

Y cuando puede nombrar lo que siente en su cuerpo, puede empezar a regularlo.

Cómo ayudar a tu hijo a conectar con su cuerpo y sus emociones

1. Nombra las sensaciones físicas, no solo la emoción

En lugar de decir solo "estás enfadado", di: "Veo que tus puños están apretados y tu cara está roja. Parece que sientes mucho calor en tu cuerpo. Eso es la rabia."

Este simple cambio le enseña a tu hijo a anclar la emoción en su cuerpo, no solo en su mente.

2. Haz pausas para escanear el cuerpo juntos

Antes de dormir, o después de un momento intenso, pregúntale: "¿Cómo se siente tu cuerpo ahora? ¿Tu barriga está tranquila o revuelta? ¿Tus hombros están relajados o tensos?"

No busques cambiar nada. Solo ayúdale a observar. Esta práctica desarrolla su conciencia somática desde pequeño.

3. Usa el movimiento para liberar emociones

Las emociones son energía en movimiento. Cuando tu hijo está enfadado, frustrado o ansioso, su cuerpo necesita mover esa energía.

Invítale a saltar, sacudir sus brazos, dar pisotones fuertes, o hacer respiraciones profundas. El movimiento libera la tensión atrapada en su cuerpo.

4. Modela la conexión con tu propio cuerpo

Tu hijo aprende más de lo que haces que de lo que dices. Cuando tú nombras tus propias sensaciones corporales —"Siento tensión en mis hombros, necesito respirar"— le enseñas, a través del neuromodelaje, que es seguro sentir.

Tu hijo te observa. Y aprende que las emociones no son el enemigo. Que el cuerpo es un aliado. Que sentir es lo que nos hace más humanos.

5. Usa herramientas que le ayuden a visualizar sus emociones

Los niños pequeños piensan en imágenes, no en conceptos abstractos. Darle un compañero emocional —como un Emorami— le ayuda a externalizar lo que siente en su cuerpo y a darle forma, nombre y espacio.

Cuando tu hijo puede sostener a "Lumi, la llamita de la rabia" en sus manos, puede entender que la rabia vive en su cuerpo, que puede crecer o calmarse, y que él tiene el poder de regularla.

Lo que sucede cuando tu hijo aprende a sentir su cuerpo

Cuando tu hijo desarrolla conciencia somática desde pequeño, algo profundo cambia:

  • Reconoce sus emociones antes de que exploten
  • Aprende a pedir ayuda cuando la necesita
  • Desarrolla autocompasión en lugar de vergüenza
  • Crece con una relación sana con sus emociones
  • Se convierte en un adulto que sabe cómo sentirse mejor

No es magia. Es neurociencia. Es crianza consciente. Es romper patrones generacionales.

El cuerpo de tu hijx es su mejor maestro

Durante años, la educación tradicional nos enseñó a controlar las emociones, a reprimirlas, a "portarnos bien". Pero la verdad es exactamente lo contrario.

Las emociones no son el problema. Son el camino.

Cuando le enseñas a tu hijo a sentir su cuerpo y sus emociones, no solo le das herramientas para regularse. Le das permiso para ser plenamente humano. Le enseñas que sentir no es debilidad, sino sabiduría.

Y cuando tu hijx crece sabiendo que es seguro sentir, rompes patrones generacionales. Creas un futuro donde las emociones no se reprimen, sino que se honran.

Porque al final, enseñarle a tu hijx a sentir su cuerpo y sus emociones no es solo sobre él. Es sobre sanar el pasado y transformar el futuro.

 


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